De un diario de viaje en Colombia3 de enero de 2003 Viernes.
De Cali a Pasto.
¡Estoy en Los Andes!
Mi amigo, Luis Alfonso, me ha explicado que nacen en la Patagonia y cerca de aquí, en el “Nudos del los Pastos”, se ramifican en tres direcciones:
- la Cordillera Oriental llega a Venezuela;
- la Cordillera Central llega al centro de Colombia;
- la Cordillera Occidental llega cerca de Panamá.
- la Cordillera Central llega al centro de Colombia;
- la Cordillera Occidental llega cerca de Panamá.
Hemos salido de Cali esta mañana muy temprano.
Durante todo el viaje veo colores vivos y cargados, paisajes maravillosos, pero, como tengo un poquito de fiebre, después de un desayuno de carne y plátano en una “paradora”, me quedo dormida -¿cómo?, ¿carne a las diez de la mañana?-.
Me despierto en pleno desierto… Estamos en “Valle del Patía” a unos 1000 metros de altura.
Aquí reinan los cactus y hace un calor horrible, ¡cómo no!
Faltan unas dos horas para llegar a Pasto pero el aire se hace siempre más fresco y los colores cambian una vez más.
Pasto es una ciudad acaudalada, de gente trabajadora y amante de su tierra.
En Colombia el Carnaval empieza inmediatamente después del primero de enero, así que, al llegar, nos cruzamos justo con un desfile de carros y comparsas.
¡Lindísimo!... y, ¡milagro! El desfile acaba, y pronto llegan los barrenderos. No sólo limpian, sino que también hacen la recogida selectiva de residuos.
¡Ojalá lo hicieran también en Italia!
Aquí se vive el Carnaval de los Blancos y de los Negros.
Mañana es el día de los Blancos y nos juntaremos en el festejo.
Es costumbre ir por las calles pintado, haciéndose pintar la cara y además echando talco.
Pero todos tienen mucho respeto hacia quienes no lo desean… o casi.
6 de enero de 2003. Lunes.
Durante todo el viaje veo colores vivos y cargados, paisajes maravillosos, pero, como tengo un poquito de fiebre, después de un desayuno de carne y plátano en una “paradora”, me quedo dormida -¿cómo?, ¿carne a las diez de la mañana?-.
Me despierto en pleno desierto… Estamos en “Valle del Patía” a unos 1000 metros de altura.
Aquí reinan los cactus y hace un calor horrible, ¡cómo no!
Faltan unas dos horas para llegar a Pasto pero el aire se hace siempre más fresco y los colores cambian una vez más.
Pasto es una ciudad acaudalada, de gente trabajadora y amante de su tierra.
En Colombia el Carnaval empieza inmediatamente después del primero de enero, así que, al llegar, nos cruzamos justo con un desfile de carros y comparsas.
¡Lindísimo!... y, ¡milagro! El desfile acaba, y pronto llegan los barrenderos. No sólo limpian, sino que también hacen la recogida selectiva de residuos.
¡Ojalá lo hicieran también en Italia!
Aquí se vive el Carnaval de los Blancos y de los Negros.
Mañana es el día de los Blancos y nos juntaremos en el festejo.
Es costumbre ir por las calles pintado, haciéndose pintar la cara y además echando talco.
Pero todos tienen mucho respeto hacia quienes no lo desean… o casi.
6 de enero de 2003. Lunes.
Pasto (2.700/2.800 metros).
Ya con la cara pintada de color verde, subimos todos en la camioneta de “Maizena”, un amigo del tío.
¡Ay, qué rico! Música a todo volumen, el viento que peina nuestros cabellos, vamos cantando por las calles ya alborotadas de Pasto en fiesta.
En unos diez minutos es guerra con el grupo que está delante de nosotros; estamos todos sucios de talco y “carioca” amarilla, roja y verde.
Bailo en la calle, y peleo con “Maizena” que sigue haciéndose el loco y haciendo ruido con su pito. Es una maniobra de distracción para golpear con el talco a los militares, sin que nadie se dé cuenta.
Es tan divertido verlos gozar del carnaval. Juegan con nosotros, sin darle importancia a las manchas. ¡Están hechos unos indecentes!
En Italia, no pasaría nunca: ¡no se siente así el Carnaval!
Me ensucian y me ensucian… y yo, agradezco cada vez y grito: ¡Feliz Carnaval!
Ya todo el mundo sabe que llego de Italia y que estoy gozando mucho de toda la fiesta, y, claro, ¡que estoy medio loca!
¿Lo más chistoso del día?
Ver a los militares del Batallón Boyacá echar agua desde el techo del cuartel a los transeúntes distraídos. ¡Fenomenal!
¡Ay, qué rico! Música a todo volumen, el viento que peina nuestros cabellos, vamos cantando por las calles ya alborotadas de Pasto en fiesta.
En unos diez minutos es guerra con el grupo que está delante de nosotros; estamos todos sucios de talco y “carioca” amarilla, roja y verde.
Bailo en la calle, y peleo con “Maizena” que sigue haciéndose el loco y haciendo ruido con su pito. Es una maniobra de distracción para golpear con el talco a los militares, sin que nadie se dé cuenta.
Es tan divertido verlos gozar del carnaval. Juegan con nosotros, sin darle importancia a las manchas. ¡Están hechos unos indecentes!
En Italia, no pasaría nunca: ¡no se siente así el Carnaval!
Me ensucian y me ensucian… y yo, agradezco cada vez y grito: ¡Feliz Carnaval!
Ya todo el mundo sabe que llego de Italia y que estoy gozando mucho de toda la fiesta, y, claro, ¡que estoy medio loca!
¿Lo más chistoso del día?
Ver a los militares del Batallón Boyacá echar agua desde el techo del cuartel a los transeúntes distraídos. ¡Fenomenal!
Gianfranca.
Fontanellato
(Curso Intermedio)
